Dans cette vidéo consacrée au parc Abel Tasman et à Kaikoura, il manque des images : celles des baleines captées au large du second site. Tout simplement parce que, même si la météo paraissait plus que clémente à terre, les conditions en mer étaient épouvantables. A tel point que le bateau sur lequel nous devions embarquer est resté au port.
Mais cette embarcation, qui appartient à la société coopérative Whale Watch, a une histoire riche en enseignements : tout commence en 1987. A cette époque, la petite ville de Kaikoura est frappée de plein fouet par le déclin économique de la région. Le chômage devient endémique et la communauté maorie locale, qui fournit l’essentiel de la population, se paupérise. « Que faire ? », se demandent les chefs des Kati Kuri, la population maorie autochtone de Kaikoura. Billy Solomon, l’un d’entre eux, émet une idée : et si les cachalots qui sont présents toute l’année au large de la ville, pouvaient représenter une solution ?
Le projet s’affine : le tourisme étant en pleine croissance en Nouvelle-Zélande, l’idée est d’attirer les visiteurs ici, pour leur proposer une sortie en mer pour voir les baleines. Sûrs de leur coup, les chefs préparent le dossier et se rendent confiants dans les banques de la région. Là-bas, on les écoute poliment. Mais la réponse est chaque fois la même : hors de question de leur accorder un crédit pour acheter un bateau…
Alors, ils optent pour une solution risquée : hypothéquer leurs maisons afin d’obtenir l’argent nécessaire pour l’embarcation. La première sera un hors-bord gonflable qui brave tant bien que mal les conditions parfois difficiles de l’océan. Mais ça marche : rapidement, les visiteurs sont séduits par ces expéditions durant lesquelles il est quasiment assuré de voir au moins un cétacé (à tel point que Whale Watch rembourse 80% du prix si ce n’est pas le cas !). Le petit bateau est remplacé par un plus grand, avec un pont d’observation. Et aujourd’hui, ce sont pas moins de cinq catamarans qui sont en service depuis la marina qu’il a fallu construire pour assurer ces sorties en mer et accueillir correctement les touristes.
Whale Watch est toujours une petite entreprise locale, détenue et exploitée par les populations autochtones Kati Kuri. Mais c’est aussi un des plus grands opérateurs touristiques du pays, qui, par son travail a complètement transformé l’image de la petite ville, entraînant la création d’un grand nombre d’établissements, que ce soient cafés, restaurants, galeries, hôtels… Ici comme en Europe, les banques sont connues pour reconnaître les bonnes idées et savoir les encourager !…
En este video sobre el parque Abel Tasman y Kaikoura, faltan imágenes de ballenas capturadas en Kaikoura. Simplemente porque, aunque el clima parecía más que indulgente en tierra, las condiciones en el mar eran espantosas. Tanto es así que el barco en el que nos embarcamos permaneció en el puerto.
Pero este barco, que pertenece a la sociedad cooperativa Whale Watch, tiene una historia muy instructiva : todo comenzó en 1987. En ese momento, el pequeño pueblo de Kaikoura estaba muy afectado por el declive económico de la región. El desempleo se volvió endémico y la comunidad maorí local, que comprende la mayor parte de la población, se estaba volviendo más pobre. « ¿Qué hacer? », Pues preguntar a los líderes Kati Kuri, la población indígena maorí de Kaikoura. Billy Solomon, uno de ellos, dio una idea: ¿qué les parece si los cachalotes, que tenemos a la vista durante todo el año alrededor de la ciudad, son nuestra solución?
El proyecto va mejorando: el turismo de Nueva Zelanda va creciendo, la idea es atraer visitantes aquí, ofrecerles una excursión para ver las ballenas. Efectivamente, los jefes maories preparan papeles y papeles confiando en que los bancos de la región les ayuden. Allí, los escuchan muy educadamente. Pero la respuesta es siempre la misma: rotundo no a darles un crédito para comprar un barco …
Entonces, optan por una solución arriesgada: hipotecar sus casas para obtener el dinero necesario para el barco. El primero será un fueraborda inflable que desafía las condiciones difíciles del océano. Pero funciona: rápidamente, los visitantes son seducidos por estas expediciones durante las cuales casi está garantizado ver al menos un cetáceo (¡tanto es así que Whale Watch reembolsa el 80% del precio si no es el caso!). El bote pequeño se reemplaza por uno más grande, con una plataforma de observación. Y hoy, ya son cinco los catamaranes que están en servicio desde el puerto deportivo que fue necesario construir para garantizar estas salidas en el mar y acomodar adecuadamente a los turistas.
Whale Watch sigue siendo una pequeña empresa local, propiedad y operada por los indígenas Kati Kuri. Pero también es uno de los operadores turísticos más grandes del país, que, a través de su trabajo, ha transformado por completo la imagen de la pequeña ciudad, lo que ha supuesto la creación de una gran cantidad de establecimientos, ya sean cafeterías, restaurantes, galerías, hoteles… ¡Aquí, como en Europa, es sabido que los bancos iluminan las buenas ideas y saben cómo alentarlas!…
Los bancos, nuestros mejores amigos… el parque es impresionante y por el verano debe ser espectacular con esas playas.